Ecovivienda

A los japoneses les preocupa –y mucho– cumplir con el Protocolo de Kioto. En primer lugar, porque están moralmente obligados a hacerlo por haberse firmado en su antigua capital imperial hace ahora 10 años; y además, porque el elevado confort tecnológico alcanzado no quieren reducirlo sino ampliarlo, aunque necesariamente con una mayor eficiencia energética de los aparatos.

A este doble reto responde la ‘Eco-house’, una vivienda unifamiliar prototipo de la firma Panasonic, empresa puntera de electrodomésticos y un sin fin de productos tecnológicos, que la mantienen en la vanguardia de las grandes compañías mundiales.

La ecocasa de Panasonic –que se puede visitar desde hace unos meses en el centro tecnológico de la empresa en Tokio– da respuesta a ese empeño de la sociedad japonesa de lograr más por menos, e ir ampliando la oferta tecnológica en los hogares. Si hace una década la gama de productos para el hogar era de 70 aparatos, se ha ampliado a 90 en este tiempo.

Según los responsables de la firma, vivir en una casa de estas características multiplica por cinco el factor de confort y eficiencia, mientras reduce el consumo de electricidad y agua, y por lo tanto las emisiones de dióxido de carbono (CO2) para producirla.

¿Cómo? El corazón energético de la Eco-house es una caldera de gas ciudad, que no sólo produce el agua caliente sanitaria y la que circula por el suelo radiante de la calefacción (Japón tiene un clima similar al de nuestro país), sino que aprovecha el calor para producir hidrógeno, disociando las dos moléculas de hidrogeno y la de oxígeno que contiene el agua.

Con este gas y una pila de combustible, que realiza el mismo proceso químico (hidrólisis) pero a la inversa, se logra directamente hasta un kilovatio de potencia eléctrica.

La caldera viene a producir la mitad de las necesidades eléctricas de la vivienda piloto, puesto que sólo en el momento en que hay personas en la casa y por tanto un más elevado consumo, es preciso echar mano del fluído eléctrico de la compañía.

A ese kilovatio se suma, además, la potencia suministrada por las placas solares fotovoltaicas situadas en el tejado, que vienen a cubrir las necesidades de otro 30% de las necesidades energéticas en electricidad. Asi que, tan sólo el 20% del consumo de electricidad es preciso comprarlo y pagarlo a la compañía suministradora de la electricidad.

Producir el 80% de la energía eléctrica en el propio lugar de consumo hace de la vivienda un hogar un 70% más eficiente, según las cuentas de la compañía, puesto que al autoabastecimiento energético se suman las ventajas de no tener que importar toda la energía con las pérdidas en la red que significa. Se añade que la producción propia, además de muy eficiente no emite ninguno de los otros gases de efecto invernadero.

 

La arquitectura bioclimática:

 El resultado de aplicar a la construcción técnicas más respetuosas con el medio ambiente y que tienen en cuenta el entorno y el clima del lugar en que se ubicará el edificio da lugar a la ecovivienda: edificios más eficientes en el aprovechamiento de los recursos naturales y en cuya construcción se usan materiales menos agresivos para la salud y para la naturaleza.

El ahorro energético que supone una ecovivienda en refrigeración y calefacción, mejora la calidad de vida de sus habitantes y es una contribución notoria al desarrollo sostenible.

 

El efecto invernadero, la destrucción de la capa de ozono, la tala de árboles, los incendios forestales… son algunas de las enfermedades de nuestro planeta. Por esta razón, numerosas organizaciones ecologistas, la Unión Europea y el estamento Gubernamental, a través de diversos programas, están tratando de hacer que se cuide el Medio Ambiente. 
  Se trata de una alternativa de vida mucho más natural: las ecoviviendas, viviendas ecológicas que se asientan en los principios de la arquitectura bioclimática. Aprovechar el clima y el entorno para lograr una vivienda sana constituye los principales fines de esta arquitectura alternativa que juega con el diseño y los elementos arquitectónicos.

  Una casa bioclimática permite, entre otras cosas, guardar el calor aunque las temperaturas exteriores sean muy frías y también ahorrar energía, con el consiguiente descenso del gasto en la factura de la electricidad y el gas. Su uso no es nuevo, ya que gran parte de la arquitectura tradicional se basa en sus principios. Sin embargo, se trata de una forma de vida poco extendida.

  El coste de una ecovivienda no es excesivamente elevado, pues no requiere la instalación de caros sistemas: se trata únicamente de aprovechar los regalos de la Naturaleza para conseguir lo que se llama calidad de vida.

  Vivir en una casa bioclimática aporta ventajas a sus inquilinos y contribuye a limpiar el medio ambiente de sustancias tóxicas, como el dióxido de carbono que provoca el llamado efecto invernadero, es decir, el recalentamiento de la Tierra, o como los óxidos de nitrógeno, productores de la lluvia ácida. Una construcción bioclimática reduce la energía consumida, el gasto en electricidad y se sirve del entorno para climatizar la casa.

 

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